-¿Qué
ves, tan abstraída, en el cielo?- Preguntó una joven.
-¿Ah?
Nada. –Respondió la otra, saliendo de sus cavilaciones.
-¿Te
sucede algo, Azu?
-No,
todo está bien. Por cierto, ¿me llevas a mi casa?
-Sí,
tranquila. Pero, aunque no quiera, creo que mi mamá ya está afuera.
-Está
bien, no me siento muy bien que digamos como para quedarme otro rato aquí.
La presencia extraña que sentía en su corazón
la torturaba. Era como algo que conocía y no quería dejar salir. Sabía que ya
venía, el cielo se lo anunciaba.
-¿Dónde
está estacionada tu mamá?
-Creo
que está de aquel lado del estacionamiento.
-¿Dónde
está oscuro?- ¿Qué es ésta presencia
extraña que no me deja ir hacia allá?
-Sí,
justamente allá. No te asustes, boba.
Ella sonrió a duras penas. Algo la
aprisionaba. Y lo vio, lo vio brillar cuando caminaba tras su amiga. Una luz,
más parecida a un rayo que iba en dirección a la espalda de su amiga.
-¡No!
–Gritó mientras arrojaba su cuerpo hacia delante para protegerla.
El rayo la golpeó en su costado, y cayó hacia
un lado.
-Tonta Há, ¿qué haces?- Oyó un grito, en su dolor.
La fuerza en su interior estaba despertando.
-Azu,
¿qué has hecho?- Gritaba su amiga a su lado.
-Vete-
Dijo con una muestra de dolor.- ¡Vete, pronto!
-No
puedo dejarte.
-Te
equivocas si puedes, y lo harás. No le digas nada a tu mamá. Y te prometo que
mañana nos veremos en clases.
El dolor en su costado incrementaba. El brillo
en sus ojos hizo que su amiga se marchara. Y de manera increíble la chica a la
que había golpeado el rayo, que pudo matar a cualquiera, se levantó con ganas
de luchar. Ahí fue la primera vez que las vio. Dos chicas vestidas como las
Sailor scouts de su animé de la infancia favorito. Sus ojos se llenaron de
lágrimas de pura impresión, cuando algo que ella pudo llamar demonio la golpeó
con un rayo diferente, arrojándola tres metros más atrás. Pudo haber muerto en
aquel momento y nunca habría cumplido la promesa a su amiga, si no fuera porque
en aquel momento un poder despertó en su corazón. Un haz de luz salió de su
pecho, mostrando su corazón puro. Sumiko Tomoe, una de las chicas vestida de
Sailor scout se volvió y sonrió. Frente a sus ojos había aparecido la Guerrera del tiempo y el
espacio, la protectora Azshan. Sailor Azz, despertó.
El corazón, en forma de estrella, brilló, y
ella coloco sus manos en torno a él. La ropa que tenía se desvaneció y unos
haces de luz crearon su traje. Sus manos se alzaron para aparecer los guantes.
Sus pies sus botas. Y al abrir los ojos el símbolo de la estrella apareció en
su frente.
-Soy
Sailor Azz, y he despertado del sueño inmortal.
Mientras pronunciaba sus palabras, juntó sus
manos y con solemnidad murmuró
-Rayo
azul.
Y de sus manos brotó un rayo mortal que
destruyó al demonio.
-¡Ahora
Sumiko!- Gritó la Guerrera a su lado. Nada más y nada menos que, Sailor Há, la
Protectora del sol.
Sumiko. La princesa Sumiko. Levantó sus manos
y una burbuja de luz apareció.
-Poder
oculto, que resplandeces dentro de mí. Captura al mal con el halo del reino
perdido.
Y según sus palabras, un rayo de luz se
expandió como ondas en el agua. Y atacó al demonio, y lo transformó en una
carta que cayó al suelo.
-Házen,
tómala.- Dijo Sumiko, mientras caminaba
en dirección a Sailor Azz.
La miró a los ojos fijamente. Y tocó con su
mano el hombro de Azshan. Acto seguido, la Guerrera del tiempo y el espacio se
encontraba en el suelo, sufriendo un ataque provocado por los recuerdos. Sus
ojos se volvieron invisibles, y gracias al roce de la princesa, vio a través de
ellos su vida pasada, su misión y sus poderes. El choque fue violento, y
provocó que la transformación desapareciera. Azu, la simple joven, quedó en el
suelo desmayada.
Azu, abrió los ojos atraída por unos
sonidos extraños. Los gritos de su hermana menor que desde la puerta la
incitaba a levantarse.
-¡Es
tarde, boba! ¿No piensas ir a clases?
Guiada por el sonido rodó por la
cama y cayó al suelo. En aquel instante un fuerte dolor de cabeza la golpeó.
Abrió los ojos extrañada de su alrededor, con una sensación extraña en el
estómago.
-¿No
me escuchas, Azu? ¿Quieres que llame a mamá, para que a ella si la escuches?
Y volvió a ser la misma de siempre.
-¡Cállate,
tonta! Ya te oí, anda a fastidiar a otro lado.
Como una típica mañana de un
viernes, Azu salió tarde de la cama. Se durmió en el lavabo. Y le gritaron para
que se apurara. Como siempre llegó tarde a clases. Y habló como un pajarraco
camino al salón de clases junto a sus amigas. Ningún recuerdo de la noche
anterior la invadió hasta que su amiga la recibió con un abrazo especial en
cuanto la vio llegar.
-¿Qué
te pasa por qué tanto amor?- Sonreía con su cara pícara.
-¿Cómo
esperabas que reaccionara después de verte viva después de la noche de ayer?-
-¿De
qué hablas?- Y su sonrisa se borró en un instante.- Anoche fue una noche como
siempre. Fuimos al cine y me llevaste a casa…- ¿O no?
El profesor irrumpió en el salón,
dejándolas sin tiempo para hablar. Y todo aquel día su cabeza estuvo en otro
lugar. Durante la hora de Física, Matemáticas y Lenguas. Estuvo fuera de sí
incluso cuando su amiga del frente le contaba las nuevas de su tarde de ayer.
Había un agujero que no podía llenar, y que en el fondo de su corazón no quería
llenar. Anduvo en silencio todo aquel día, incluso junto a sus amigas, sentadas
en el lugar de siempre.
En las sombras, en la cima de un
edificio contiguo dos figuras observaban a la chica con mirada perdida, sentada
con la espalda junto a la pared.
-Quizá
deberíamos probar sus poderes, ¿no crees, Há?
Lanzó una mirada profunda a su compañera, una
mirada llena de mando sin reproche. Y ésta a su lado obedeció la mirada. Sumiko
cerró los ojos y esperó.
-Ahora-
susurró.
-¡Rayo
resplandeciente!-
Los ojos de Sailor Há, se tornaron llenos de
poder, brillando del color del rayo que salía como proyectil de su mano, en
dirección a Azu.
El corazón puro despertó. Los ojos
del Azu, al igual que los de Há, se llenaron de poder. Su cabello se alzó como
si un ventilador le apuntara directamente en la cara. Su mano se extendió, y
creó un campo de fuerza de rayo azul que rompió la barrera del tiempo y lo
paralizó. Eliminó el rayo resplandeciente. Y se apagó, regresando todo a la
normalidad y Azu, que se había cambiado de posición para salvar a sus amigas
cayó sobre ellas. Las cuales no comprendieron la velocidad de las cosas, y se
asustaron.
Há, miraba indignada como su poder
había sido bloqueado de manera tan sencilla.
-Azshan
no quiere despertar. No quiere dañar la vida de esa niña.
-Sumiko…-
dijo, mientras volvía su rostro hacia la chica contigua- Esa no es elección de
ella.
-No
te preocupes, Azshan siempre fue la más leal a mis padres. Nunca dejará de
cumplir su misión. Vámonos.
-Sí.
-¡Azu!
Al escuchar su nombre se volvió.
-¿Si?
Era su amiga de la noche anterior.
-¿Ya
te vas a tu casa?
-Sí.
-Oh,
¿está todo bien, segura?
La pregunta la sobresaltó,
recordando los momentos en blanco que tenía en la mente.
-S-sí,
todo bien.
Un rostro preocupado la miró antes
de despedirse, y una mirada tierna siguió al rostro de su amiga. Azu se
aventuró a la calle, a caminar a casa.
Una curva más y llegaría a casa. La
calle estaba solitaria como siempre a esa hora. Azu casi corría por la vía.
Estaba solitaria a excepción de dos figuras que aparecieron en la vía. Estaban
en medio de la calle. El pánico la invadió y se detuvo a pocos metros. Y sus
ojos pudieron enfocar bien a las figuras. Eran dos mujeres. Una con un cabello
corto y otra con una hermosa melena. La figura de cabello corto era rubia y
estaba parada cruzada de brazos, vestía pantalones de vestir y una camisa, se
veía un tanto masculina pero muy elegante. A su lado la chica de cabello largo,
tenía un cabello negro que reflejaba unos rayos azules brillantes y hermosos,
se veía celestial y vestía una elegante falda y una blusa. Sus recuerdos la
transportaron a Haruka y Michiru, las Sailors Uranus y Neptune, de su animé
favorito.
Me volví loca.
Aunque no estaban tan lejos sus
suposiciones.
-Hola,
Azz.- dijo la de cabello largo.
Esa voz.
-Te
estábamos esperando. Tenemos que resolver algunos detalles con tus poderes.
¿Poderes?
-¿Acaso son Haruka y Michiru?- pero esto no fue un pensamiento.
Sumiko frunció el ceño. Azu se
sintió avergonzada. Házen, la chica de cabello corto dio un paso adelante, y
Sumiko la detuvo.
-Necesita
palabras, Házen, no violencia. Mi nombre es Sumiko Tomoe.
En el interior el rostro de una
Sailor surgió.
No.
-O
tal vez, Suzuki Komae te suene más.
¡No!
-¡Despierta!
Por la promesa hecha a mis padres.
Un poder surgió de su corazón una
vez más. Su corazón se separó del cuerpo una vez más. Y frente a Azu apareció
Azshan. Se miraron una a la otra.
-Soy
una Sailor, guerrera del tiempo y el espacio, protectora de la princesa Suzuki.
Nacida en un tiempo lejos del tuyo, en un mundo diferente al tuyo. Y reencarné
en ti. No soy producto de tu imaginación, sé que la ironía es grande. Debo
cumplir mi promesa, pero sólo si estás dispuesta a seguir viviendo una vida normal
además de mi obligación, no te dejaré cambiar tu vida por la mía, que se
extinguió hace ya mucho tiempo atrás. Soy tú, y tú eres yo.
-¿Por
qué lloro?- Se oyó susurrar Azu.
-Pronto
lo entenderás.
El espíritu y el cuerpo se unieron.
Y se selló una promesa que cambiaría muchas cosas. Así, Azu se unió al equipo
de Házen y Sumiko. Postrándose a los pies de la princesa, y jurando protegerla.
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