La tarea volvió a las manos del tiempo y el
espacio. Cada noche, Azshan salía de la casa donde vivía e iba a distintos
lugares de la ciudad, hasta el punto más alto de ellos. Y transformada en
Sailor Azz, alzaba su mano al cielo. Hacia el arco de luz azul, ahora activado.
-Yo
soy Azshan, la Guerrera del tiempo y el espacio, la guardiana y protectora de
la zona de protección. Por los poderes otorgados en un pasado hoy estoy aquí
para proteger a la princesa. ¡Rayo de luz azul!
Y así, en la ciudad se hizo famosa la leyenda
de que cada noche una guerrera levantaba una mano al cielo y creaba un haz de
luz azul, alimentando un campo de energía que rodeaba la ciudad donde ella
protegía algo.
Sonó el último timbrazo de un viernes en la
secundaria.
-Vamos,
chica, no te vayas tan rápido.
-Ja,
ja. No huyo es que puede que mamá esté afuera buscándome. – dijo Azu.
-¿Desde
cuándo tu mamá te busca en el colegio otra vez?
-Oh,
está bien. Buena esa.
-¿Irás
al cine hoy?
-No
lo sé.
-¿Por
qué?
-Porque
aún no he preguntado. Ja, ja. –Dijo con una sonrisa típica tonta, rascándose la
cabeza.
-Ah,
bueno. Conociendo a tus padres si te darán permiso.
-No
hay que confiarse, cuando uno se confía las cosas salen mal.
-Así
es- dijo Sumiko que se encontraba lado afuera de la puerta, junto a Házen que
estaba recostada a la pared. Ambas como Haruka y Michiru.- Azz, tiene mucha
razón, niñas.
-Sumiko-
dijo Azu asombrada de su presencia.- ¿Qué hacen aquí?
-Vinimos
a buscarte, para que demos un paseo.- dijo mientras le tomaba el brazo. La
sorpresa hizo que se sonrojara un poco.
Las amigas de Azu miraban asombradas
la belleza de Sumiko.
-¿Nos
vamos?- preguntó Házen.
Azz, se volvió y asintió como un
robot. Su mente sólo se iba a algo: problemas.
-Sí,
vámonos.
-Despídete-
susurró Sumiko a oídos de Azz, como recordándole lo que debía hacer.
Azz, se volvió. Levantó una mano y
la agitó.
-Sonríe-
susurró una vez más.
Y como en un hechizo siguió las órdenes.
Se fueron juntas hasta un parque no muy lejos del colegio.
-¿Tenemos
problemas?
-No,
aún no. Pero tenemos que hablar. No soportamos la idea de que te escapes cada
noche.
-Lo
sé, no debo estar corriendo por las calles de noche sola. Es peligroso y el enemigo
podría descubrir mi identidad. ¿Pero qué puedo hacer?
Házen ahogó una risita.
-Yo
tengo esa respuesta.- dijo Sumiko- Aunque realmente, tú puedes responderla sola
Azshan. Busca en tu memoria y activa tu poder. Lo necesitamos.
Azshan cerró sus ojos y empezó a
meditar.
-Tú
también debes hacerlo, Házen. Necesito más fuerza. Tu rayo es débil.
-Entiendo.
Y el silencio reinó mientras ambas
Sailors meditaban en un lugar oculto en el centro del parque.
Un poder golpeó un corazón, y
oscureció unos ojos. Por dos segundos. Y luego lo devolvió a la normalidad.
Azshan viaja entre estrellas. Y
recordó su pasado. Parada sobre la cima de un castillo. Con algo en sus manos.
El rayo de luz azul la cubría. Fortalecía el campo de energía que rodeaba el
reino. Azshan necesito tus ojos en el
jardín izquierdo, dijo una voz en su mente. Y al imaginar el jardín
izquierdo apareció sobre una fuente, y vio a Sailor Há junto a la princesa y a
alguien borroso. Ya lo demás no importaba, ya recordaba lo que le importaba.
Tele transportación.
Házen descansaba sobre el sol. El
calor la cubría. Sus marcas en las manos, transformadas en broches de oro sobre
sus guantes brillaban. Los rayos resplandecientes del sol la cubrían por
doquier. Ese poder ya lo tenía. Había algo más. Sus manos, algo en sus manos. Y
lo entendió.
El poder de quemar y mover la tierra.
Ambas abrieron los ojos. Ambas estaban listas.
Y había un demonio cerca que descansaba en la oscuridad.
Liberar, liberar el poder. Romper el
objeto que no lo deja ser libre.
-Hay
alguien aquí- dijo Sumiko.- Transfórmense Sailors.
Corazón puro…
Sol resplandeciente...
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