-¿Hiciste
la tarea, Azu?- dijo una joven junto a Azu.
-¿Disculpa?-
dijo Azu rompiendo el hilo de sus pensamientos.
-Has
estado un poco rara últimamente, Azu. Ya no sales con nosotras, tanto como
antes. Y te la pasas pensando mucho. ¿En qué tanto piensas?
-Para
serte sincera, no lo sé. Cada vez que me sacan de mis pensamientos olvido todo
lo que pensaba.
-Estás
muy rara. Bueno, lo que decía era que si habías hecho la tarea.
-¿Tarea?
Demonios, ¿de qué?
-Quizá
estés cambiando, pero sigues siendo muy distraída- susurró para ella la joven.
-¿Dijiste
algo? ¿Me insultaste? Oye, dime de una vez ¿de qué es la tarea? Ay, no puede
ser.
-Toma
mi cuaderno.
-¿En
serio? ¡Qué bella!
-Sí,
lo que tú digas.
Mientras Azu, copiaba en su cuaderno
en excesiva preocupación, la chica junto a ella lanzó una seña. El mensajero
había dado la señal.
-Oye,
gracias- dijo Azu, mientras salían del salón a la hora del recreo- Has salvado
mi vida.- Sonrió.
En eso, Sumiko llegó hasta donde
estaba ella. Una seña particular interrumpió la maniobra que empezaba a
funcionar en manos de las amigas de Azu.
-Debo
irme- dijo Azu a la joven.
-¿Qué?
¿A dónde?
-Le
prometí a Sumiko que la ayudaría en algo.
-Oh,
e-está bien.
Sumiko y Azz se intercambiaron
miradas y se fueron juntas hasta perderse de la vista de todas. Caminaron
pasillos y pasillos, hasta al final de todo un pasillo oscuro salió al paso.
-Hay
algo que debo decirte…- dijo Sumiko.
-¿Crees
que se haya dado cuenta de nuestras intenciones esa tal Susumikó?- dijo una de
las jóvenes entre el grupo.
-Se
llama Sumiko- corrigió otra.
-Se
me hace extraño- replicó otra.
-Esto
no me está gustando- dijo la mensajera.
Y con este último comentario todas
callaron y empezaron a comer.
-¿Qué
sucede?- comentó Azz.
-Házen,
ha estado investigando en su colegio.
-Oh.
¿Y qué ha logrado?
-Bueno,
hasta ahora ha logrado acercarse a ella.
-¿Si?
¿Cómo?
-Ingresó
al equipo de futbol soccer.
-¿En
serio?
-Sí.
-Pero
Sumiko, ¿por qué no podemos acercarnos a ella de manera normal? ¿Por qué no
podemos hablarle como lo hicieron conmigo?
-Nosotras
no hablamos contigo hasta después de tu transformación.
-¿Entonces?
-Nosotras
te estábamos buscando, pero no te encontramos en tu vida normal. Te encontramos
después de que por sí sola tú despertaras. Azshan.
-Está
bien. ¿Y por qué no nos acercamos a ella?
-Porque
si tus impresiones de aquel Viernes son ciertas. Ella es Salem. La Guerrera del
fuego y el rayo.
-Sí,
¿entonces?
-Ella
es muy temperamental o al menos eso mantengo en mi memoria. ¿Tú no recuerdas
nada?
-Eh,
no he pensado en ello.
-Deberías
hacerlo. Eres la que más capacidad de recuerdo tienes.
-No,
yo no. Yo olvido todo. La que tenía esa capacidad era Azshan. Yo soy
simplemente Azu.
Una sombra oscureció el semblante de
Sumiko.
-Igual
deberías intentarlo. Ella está dentro de ti.
-Está
bien. Pero Házen también es temperamental.
-Esa
es la Házen que de ahora. La Sailor de antes no era así. Tenía más paciencia.
-Ella
tiene miedo de perderte.
-Hoy
iremos a una de las prácticas a estudiar a Sarah.
-¿Hoy?
-Sí,
¿por qué? ¿Te comprometiste con tus amigas?- El semblante de Sumiko no se veía
muy feliz.
-Perdón.
Pero no es mi culpa.
-Debimos
haberte hallado antes. Antes de que conocieras a esas distracciones- susurró
Sumiko fuera de sí.
-¿Qué
dijiste?
Una atmósfera negra rodeaba el aura
de Sumiko.
-Debimos
hallarte, y alejarte de tus queridas amigas.
-¡Sumiko!
¿Qué te sucede? Eso nunca lo habría permitido.
-Debí
haber permitido que Házen…- y como despertando de un sueño volvió en sí.-
Disculpa. No sé qué estoy hablando.
-Espero
que Sarah sea quien creemos que es. Me gustaría tener a alguien más que tenga
amigos y me comprenda- dijo Azu retando a Sumiko.
-Ella
jamás te entenderá. Si es una de nosotras, nosotras seremos sus amigas. Ella ya
abandonó todo por encontrarnos. Házen lo investigó. Su Sailor interna, es
decir, Salem debió haberla guiado hasta nosotras, hasta tu energía que nos
cubre.
El rostro de Azz, demostraba su
incomprensión.
-Ella
es nueva en esta ciudad, Azz. Su único conocido es el joven Mike del que nos
hablaste. Su primo. Está sola, no tiene amigos. Y si es una de nosotras, no
dejaremos que haga amigos que nos estorben en el camino- dijo Sumiko cerrando
los ojos y alejándose del pasillo oscuro.
Azz se quedó observándola. Una lágrima rodó
por su mejilla. Esa no era la Sumiko que conocía. Esa era la princesa que solía
recordar en sueños. El timbre interrumpió sus pensamientos. Se secó la mejilla,
se irguió y se dirigió a su salón de clases.
-Hey,
¿a qué hora hoy en el cine?- dijo Azu a su grupo de amigas mientras caminaban
al aula.
El grupo de chicas se volvió
sorprendido.
-¿I-irás?
¿En serio?
-¡Claro!
¿Desde cuándo yo he faltado?
Un silencio incrementó siguiendo la
pregunta de Azu.
-Está
bien, quizá he estado un poco ocupada últimamente pero…
-¿Ocupada?
Nos has cambiado por chicas que parecen mayores. Quizá te han dado marihuana.-
dijo una joven, en un lamento exagerado.
-Ay,
¿estás loca? Las he abandonado un poco porque he tenido asuntos que resolver.
Pero hoy no les fallaré, lo prometo. ¿Le puedo decir a Dave para que nos
acompañe?
-¿A
Dave?
Todas miraron a Azu con caras
pícaras.
-Oigan,
detengan sus mentes. Saben muy bien que es mi mejor amigo. Y realmente lo he
abandonado un poco.
-Al
igual que a todos.
Y esas fueron las últimas palabras
al entrar al aula. Azz, sostenía un corazón roto en sus manos.
-Hey,
Azz.- dijo una voz.
Azu se volvió, un poco asustada,
esperando ver a Sumiko. Era una chica, una de sus amigas cercanas. Se había
quedado atrás.
-No
te preocupes, Azz. Invita a Dave. E ignóralas a ellas, ya se les pasará luego
cuando te vean llegar al cine a las 4 pm- dijo con una sonrisa y un guiño.
Azu sonrió. Ella me inventó ese apodo, por un instante me asusté. Pero todo estará
bien, ¿verdad, Azshan? Colocó su mano en su corazón y entró al salón.
Y allí estaba Sumiko, mirándola con
unos ojos que se le hacían lejanamente familiares.
Sí, todo estará bien- respondió una voz dentro de ella.
Apretó con fuerza su pecho y avanzó hacia su
puesto pensando en las palabras de su amiga.
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