En un mundo diferente, en época pasada. Existió un reino, gobernado por un rey y una reina, quienes procrearon a una hermosa niña. Tan bella como la luz azul de la aurora, tan brillante como el sol y la luna juntos, tan delicada como el agua en calma, tan valiente como el fuego. La princesa Suzuki Komae.

Por miedo a colocar a su hija en riesgo, el reino creó a una serie de protectoras. Las guerreras de los 5 poderes. Chicas que entregarían su vida a la niña. Pero existía un poder que sobrepasaba a las medidas de protección de los reyes. El poder oscuro. Oculto en un lugar que nadie esperaba. Con el paso de los años creció y se fortaleció al igual que la princesa. Hasta que las fuerzas sobrepasaron todo y el reino sucumbió. Y así, todos murieron. Pero el amor de los reyes había invocado desde el momento en que su hija nació una protección sin igual, que podía significar la perdición de las generaciones futuras. Por miedo a que la vida de su hija desapareciera le dieron, a ella y sus protectoras, el poder de renacer más tarde en algún futuro, en algún otro mundo.

Y así, la princesa Suzuki Komae y las guerreras desaparecieron y renacieron en nuestro hoy.

“Una historia inspirada en ‘Sailor Moon’ y su trama y en los poderes de ‘Sakura Card Captor’, quizá un poco más oscura y sin duda diferente a la trama original”



Abrió los ojos en los brazos de una madre muerta, una niña llamada Sumiko. Desde el momento de su nacimiento conocía su antiguo nombre y cada uno de sus poderes.

lunes, 16 de abril de 2012

VII. Un extraño restaurant.


-¿Dónde está, Házen? ¿Ella apoya el hecho de que estés asistiendo a mi escuela?- dijo Azz, mientras caminaban a la puerta del colegio.
-Fue una idea que nos propusimos ambas. Quizá haya otras Sailors por ahí. Así que mientras yo estoy aquí ayudándote, ella está en otro colegio vigilando de cerca. Como escuchaste sólo estaré contigo un lapso, luego me cambiaré a otro colegio para vigilar yo también. No te pedimos que cambies, no queremos perturbar la promesa de Azshan.
-Ya veo. Es una buena idea. Oye, ¿no quieres ir a comer? Ya acabaron las clases y mis padres no llegaran a casa temprano hoy. Me gustaría probar un restaurant que me recomendaron mis amigas. Una vez fueron y les gustó mucho.
-¿Por qué tú no fuiste con ellas?
-Ah, bueno ese día estaba durmiendo después de una batalla.
-Oh.
-Sí, no es que se los quiera restregar pero me la deben. Es comida China de seguro les gustará. Puedo tele transportarnos hasta el colegio de Házen, y luego hasta allí.
-No hará falta buscar a Házen, ya ella está afuera. Y no hace falta que abuses de tus poderes. Mi padre nos dejó un lindo auto.
-Un auto, ¿dices?
-Sí, un auto.
-¿Y eso de qué les sirve? Aún no tienen edad para conducir.
-No te preocupes por pequeñeces.
-Oh, ah. Pequeñeces, claro.
-¿Dónde queda ese famoso restaurant?
-En la Avenida…
-No nos hables de avenidas- dijo mientras abría las manos con ademán de grandeza, para mostrarme un honda civic año 2000.
-Lindo auto.
-Adelante, súbete.- dijo Házen.
-Como me decías, ¿dónde queda?
-Cerca del supermercado.
-¿En la Avenida número 10?- interrumpió Házen.
-¿No y que no hablara de Avenidas, Sumiko?
-No tenía idea de que Házen supiera ubicarse.- dijo con una pequeña sonrisa tonta.

-Con que comeremos comida China hoy, ¿no es así?- dijo Házen viendo el local del restaurant desde el estacionamiento- No tenía idea de que te gustara ésta comida, Azz.
-Siempre hay que variar un poco- dijo con una sonrisa mientras se adentraba en el restaurant.
-Ahora que lo pienso, no conozco comida que no le guste- susurró Házen a Sumiko.
            Sumiko rompió en carcajadas.
-Vamos, entremos antes de que nos venga a buscar.

-Es un lugar bastante lindo.- dijo Házen.
-Tienes razón- dijo Sumiko mientras miraba alrededor.- Hay pinturas muy hermosas. Me hacen sentir como si ya hubiese estado aquí. Al mismo tiempo me hacen añorar algo…
-Allá está, Azz.- Sumiko salió de la ensoñación y se volvió para ver a Azz, batiendo las manos desde una mesa para llamar su atención.
-Ésta no es la Azz que habíamos conocido- dijo Sumiko.
-Parece que la comida la afecta, nos hará pasar vergüenza. Ya lo presiento.

            Al final de la sala, en el mostrador un joven llamó a una chica y le pidió que atendiera la mesa número 13.

-Número 13, ¿eh?- dijo Sumiko a Azz.- ¿No crees en la mala suerte de este número?
-¿Mala suerte? No empieces como…- hizo un alto.
-¿Cómo una de tus amigas?
-Si- dijo avergonzada-. Este número es uno de mis favoritos, me trae lo contrario de lo que la gente piensa, me trae buena suerte.
-¿Puedo tomar su orden?- preguntó una joven chica china a su derecha. Llevaba el cabello por encima de los hombros. Un cabello tan negro como el plomo, y una mirada medio perdida entre el dolor de una adolescencia frustrada.
-Oh, hola- dijo Azz.
-Hola- dijo la chica sin ademán de ser muy amistosa. Se veía un tanto asustada.
-¿Podrías darnos un poco más de tiempo para pensar?- dijo animadamente Sumiko. –Es primera vez que venimos. ¿Qué nos puedes recomendar?
            La pregunta pareció tomarla por sorpresa.
-Eh, bueno…- dijo pensativa.
-Parece que no suelen hacerte mucho esa pregunta- dijo con una sonrisa Házen.
-No, no mucho- dijo entre risas la joven.
            Azz rió un poco. El mismo sentimiento que la había invadido en la entrada atacó a Sumiko nuevamente.
-¿Te conozco de algún lado?- preguntó cortando un poco el momento.
            La chica pareció sobresaltarse.
-No, no creo-
            Sumiko insistió.
-¿Segura que no te he visto antes?- Házen y Azz, voltearon extrañadas- Mi nombre es Sumiko Tomoe.
            En aquel instante la chica soltó el pequeño block de notas donde anotaba los pedidos y cayó de lado, sosteniendo su cabeza en un acto de dolor. Las chicas se colocaron de pie de un salto. Azz entró en pánico y empezó a pedir ayuda.
-¡Cálmate!- dijo Házen.
-¡Señor!- gritó Azz hacia el tipo del mostrador. Este se volvió y al ver la escena saltó por encima del mostrador y salió corriendo hasta donde la chica se retorcía de dolor.
-¿Qué te sucede?- dijo tomándola de los hombros.- Si te sentías mal no debiste bajar a trabajar- grito en medio del pánico.
-No le grite- interrumpió Azz.-, ella estaba bien, tenía un gran animo. Fue de repente. No le grite.
            El joven se quedó viéndola. Cogió a la chica en sus brazos y se la llevo por unas escaleras ocultas al final del local.
-Creo que es mejor irnos, y venir otro día.- dijo Házen a Azz, que se encontraba viendo fijamente las escaleras por donde habían desaparecido los jóvenes.
-¿P-po-por qué?- dijo volviéndose.
-Sumiko no se siente bien-
-Me quiero ir- susurró mientras posaba su cabeza en el regazo de su hermana.
-Volveremos otro día, te lo prometo- dijo Házen a Azz.

            El joven recostó a su hermanita en la cama, mientras otra chica buscaba los medicamentos.
-¿Estás bien, Ju?
-S-si- dijo la chica en un susurro.- No traigas los medicamentos. No es mi enfermedad lo que me ha atacado ahora.
-¿Qué quieres decir?
-Intento decirte, que no fue lo mismo que siento cuando me dan mis ataques. Fue distinto.
-¿Qué sucedió?
-Creo que fueron esas chicas.
-¿Esas chicas te atacaron?
-No, no me atacaron. Sólo fue ella.
-¿Ella? No entiendo nada.
-Yo tampoco entiendo. Simplemente, no me sentí bien cuando ella estuvo cerca de mí.
-Entonces, si vuelves a toparte con ellas o ella, como sea, no te les acerques. Te lo prohíbo.
-Sí, hermano.

-¿Estás bien, Sumiko?
-Tengo, simplemente, sueño.
-¿Sueño?- interrumpió Azz.
-¡Calla!- dijo con ademán amenazador Házen hacia Azz.- Tranquila- dijo a Sumiko- ya pronto te llevaré a casa. ¿Te importaría cambiar tu menú para el almuerzo de hoy?- dijo viendo por el retrovisor a Azz- Pasaré por McDonald’s para que compres algo.
¿McDonald’s? ¿En serio?
¡Qué mal día! Fue lo único que pensó Azz, cuando Házen la dejó en la puerta de su casa con una bolsa de McDonald’s en sus manos. El día estaba pronto a terminar, y no había nadie en casa. Excelente momento para mejorar mi día, pensó mientras se dirigía a la puerta dispuesta a cambiar su ánimo.

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