-¿Dónde
está, Házen? ¿Ella apoya el hecho de que estés asistiendo a mi escuela?- dijo
Azz, mientras caminaban a la puerta del colegio.
-Fue
una idea que nos propusimos ambas. Quizá haya otras Sailors por ahí. Así que
mientras yo estoy aquí ayudándote, ella está en otro colegio vigilando de
cerca. Como escuchaste sólo estaré contigo un lapso, luego me cambiaré a otro
colegio para vigilar yo también. No te pedimos que cambies, no queremos
perturbar la promesa de Azshan.
-Ya
veo. Es una buena idea. Oye, ¿no quieres ir a comer? Ya acabaron las clases y
mis padres no llegaran a casa temprano hoy. Me gustaría probar un restaurant
que me recomendaron mis amigas. Una vez fueron y les gustó mucho.
-¿Por
qué tú no fuiste con ellas?
-Ah,
bueno ese día estaba durmiendo después de una batalla.
-Oh.
-Sí,
no es que se los quiera restregar pero me la deben. Es comida China de seguro
les gustará. Puedo tele transportarnos hasta el colegio de Házen, y luego hasta
allí.
-No
hará falta buscar a Házen, ya ella está afuera. Y no hace falta que abuses de
tus poderes. Mi padre nos dejó un lindo auto.
-Un
auto, ¿dices?
-Sí,
un auto.
-¿Y
eso de qué les sirve? Aún no tienen edad para conducir.
-No
te preocupes por pequeñeces.
-Oh,
ah. Pequeñeces, claro.
-¿Dónde
queda ese famoso restaurant?
-En
la Avenida…
-No
nos hables de avenidas- dijo mientras abría las manos con ademán de grandeza,
para mostrarme un honda civic año 2000.
-Lindo
auto.
-Adelante,
súbete.- dijo Házen.
-Como
me decías, ¿dónde queda?
-Cerca
del supermercado.
-¿En
la Avenida número 10?- interrumpió Házen.
-¿No
y que no hablara de Avenidas, Sumiko?
-No
tenía idea de que Házen supiera ubicarse.- dijo con una pequeña sonrisa tonta.
-Con
que comeremos comida China hoy, ¿no es así?- dijo Házen viendo el local del
restaurant desde el estacionamiento- No tenía idea de que te gustara ésta
comida, Azz.
-Siempre
hay que variar un poco- dijo con una sonrisa mientras se adentraba en el
restaurant.
-Ahora
que lo pienso, no conozco comida que no le guste- susurró Házen a Sumiko.
Sumiko rompió en carcajadas.
-Vamos,
entremos antes de que nos venga a buscar.
-Es
un lugar bastante lindo.- dijo Házen.
-Tienes
razón- dijo Sumiko mientras miraba alrededor.- Hay pinturas muy hermosas. Me
hacen sentir como si ya hubiese estado aquí. Al mismo tiempo me hacen añorar
algo…
-Allá
está, Azz.- Sumiko salió de la ensoñación y se volvió para ver a Azz, batiendo
las manos desde una mesa para llamar su atención.
-Ésta
no es la Azz que habíamos conocido- dijo Sumiko.
-Parece
que la comida la afecta, nos hará pasar vergüenza. Ya lo presiento.
Al final de la sala, en el mostrador
un joven llamó a una chica y le pidió que atendiera la mesa número 13.
-Número
13, ¿eh?- dijo Sumiko a Azz.- ¿No crees en la mala suerte de este número?
-¿Mala
suerte? No empieces como…- hizo un alto.
-¿Cómo
una de tus amigas?
-Si-
dijo avergonzada-. Este número es uno de mis favoritos, me trae lo contrario de
lo que la gente piensa, me trae buena suerte.
-¿Puedo
tomar su orden?- preguntó una joven chica china a su derecha. Llevaba el
cabello por encima de los hombros. Un cabello tan negro como el plomo, y una
mirada medio perdida entre el dolor de una adolescencia frustrada.
-Oh,
hola- dijo Azz.
-Hola-
dijo la chica sin ademán de ser muy amistosa. Se veía un tanto asustada.
-¿Podrías
darnos un poco más de tiempo para pensar?- dijo animadamente Sumiko. –Es
primera vez que venimos. ¿Qué nos puedes recomendar?
La pregunta pareció tomarla por
sorpresa.
-Eh,
bueno…- dijo pensativa.
-Parece
que no suelen hacerte mucho esa pregunta- dijo con una sonrisa Házen.
-No,
no mucho- dijo entre risas la joven.
Azz rió un poco. El mismo
sentimiento que la había invadido en la entrada atacó a Sumiko nuevamente.
-¿Te
conozco de algún lado?- preguntó cortando un poco el momento.
La chica pareció sobresaltarse.
-No,
no creo-
Sumiko insistió.
-¿Segura
que no te he visto antes?- Házen y Azz, voltearon extrañadas- Mi nombre es
Sumiko Tomoe.
En aquel instante la chica soltó el
pequeño block de notas donde anotaba los pedidos y cayó de lado, sosteniendo su
cabeza en un acto de dolor. Las chicas se colocaron de pie de un salto. Azz
entró en pánico y empezó a pedir ayuda.
-¡Cálmate!-
dijo Házen.
-¡Señor!-
gritó Azz hacia el tipo del mostrador. Este se volvió y al ver la escena saltó por
encima del mostrador y salió corriendo hasta donde la chica se retorcía de
dolor.
-¿Qué
te sucede?- dijo tomándola de los hombros.- Si te sentías mal no debiste bajar
a trabajar- grito en medio del pánico.
-No
le grite- interrumpió Azz.-, ella estaba bien, tenía un gran animo. Fue de
repente. No le grite.
El joven se quedó viéndola. Cogió a
la chica en sus brazos y se la llevo por unas escaleras ocultas al final del
local.
-Creo
que es mejor irnos, y venir otro día.- dijo Házen a Azz, que se encontraba
viendo fijamente las escaleras por donde habían desaparecido los jóvenes.
-¿P-po-por
qué?- dijo volviéndose.
-Sumiko
no se siente bien-
-Me
quiero ir- susurró mientras posaba su cabeza en el regazo de su hermana.
-Volveremos
otro día, te lo prometo- dijo Házen a Azz.
El joven recostó a su hermanita en
la cama, mientras otra chica buscaba los medicamentos.
-¿Estás
bien, Ju?
-S-si-
dijo la chica en un susurro.- No traigas los medicamentos. No es mi enfermedad
lo que me ha atacado ahora.
-¿Qué
quieres decir?
-Intento
decirte, que no fue lo mismo que siento cuando me dan mis ataques. Fue
distinto.
-¿Qué
sucedió?
-Creo
que fueron esas chicas.
-¿Esas
chicas te atacaron?
-No,
no me atacaron. Sólo fue ella.
-¿Ella?
No entiendo nada.
-Yo
tampoco entiendo. Simplemente, no me sentí bien cuando ella estuvo cerca de mí.
-Entonces,
si vuelves a toparte con ellas o ella, como sea, no te les acerques. Te lo
prohíbo.
-Sí,
hermano.
-¿Estás
bien, Sumiko?
-Tengo,
simplemente, sueño.
-¿Sueño?-
interrumpió Azz.
-¡Calla!-
dijo con ademán amenazador Házen hacia Azz.- Tranquila- dijo a Sumiko- ya
pronto te llevaré a casa. ¿Te importaría cambiar tu menú para el almuerzo de
hoy?- dijo viendo por el retrovisor a Azz- Pasaré por McDonald’s para que compres
algo.
¿McDonald’s?
¿En serio?
¡Qué mal
día! Fue lo único que pensó Azz, cuando
Házen la dejó en la puerta de su casa con una bolsa de McDonald’s en sus manos.
El día estaba pronto a terminar, y no había nadie en casa. Excelente momento para mejorar mi día, pensó mientras se dirigía a
la puerta dispuesta a cambiar su ánimo.
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